El Laberinto de la Soledad y la figura de su autor, Octavio Paz, inspiran el colosal conjunto de ofrendas en la explanada central de Ciudad Universitaria.
El rector José Narro Robles realizó un recorrido por los aproximadamente 12 mil metros cuadrados, donde se montaron 65 ofrendas.
A lo largo de seis días, se presentarán más de 300 actividades, como conciertos de rock, música tradicional mexicana, latinoamericana y celta; obras de teatro, poesía, danza folklórica y contemporánea, entre otras.
“Para un habitante de Nueva York, París, o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de otros; más al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía: ‘si me han de matar mañana, que me maten de una vez’”.
Estas y otras frases de El Laberitno de la Soledad, y la figura de su autor, Octavio Paz, quien falleciera hace una década, inspiraron el colosal conjunto de ofrenas del XI Festival Universitario de Día de Mueros, Megaofrenda 2008 que, como cada año, se realiza en la explanada central de Ciudad Universitaria.
El rector José Narro Robles realizó un recorrido por la exposición de aproximadamente 12 mil metros cuadrados, donde se montaron más de 65 ofrendas, con la participación de escuelas y facultades, así como del Sistema Incorporado de la UNAM, asociaciones civiles, representación sindical, y población interesada.
Muerte y vida, júbilo y lamento, canto y aullido, se alían en nuestros festejos. Como escribió el propio Paz, no hay nada más alegre que una fiesta mexicana, pero también, no hay nada más triste. La noche de jolgorio, como ésta en Las Islas de CU, es también de duelo, para recordar a los que se han ido, a los que emprendieron ese viaje sin retorno.
En el día de los difuntos las casas se adornan con cráneos, se comen panes que fingen ser huesos, y los mexicanos se divierten con canciones y chascarrillos, en los que la pelona se ríe; pero toda esa fanfarrona familiaridad, no dispensa la interrogante que todos se hacen: ¿qué es la muerte?. Aún no se ha inventado una nueva respuesta.
Y cada vez que nos preguntamos, nos encogemos de hombros: ¿qué importa la muerte, si no me importa la vida?, dijo Paz.
La Megaofrenda 2008, con el cempasúchil, las calaveritas de azúcar, chocolate o amaranto; el papel picado, y olor a copal, perpetúa una de las tradiciones ancestrales de la cultura nacional.
Con ella, la UNAM, a través de la Dirección General de Atención a la Comunidad Universitaria, refrenda su compromiso de ser partícipe en la preservación y difusión de esta festividad prehispánica que, en su forma indígena, fue proclamada por la UNESCO, en 2003, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.
“Olas de sombra mojan mi pensamiento, pero no lo apagan”, expresó el poeta y ensayista, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1990, y quien en 1950 escribiera “El Laberinto de la Soledad”. Por ello, “10 años sin Octavio Paz” es el tema de la Megaofrenda.
Más de dos mil 800 estudiantes, académicos y trabajadores universitarios recuerdan en sus ofrendas, su figura, su obra, y cuatro de los nueve temas tratados en el innovador estudio antropológico del pensamiento e identidad popular: Máscaras mexicanas; Todos Santos, Día de Muertos, Los hijos de la Malinche, y La Inteligencia Mexicana. Además, una de las tres partes del ensayo “Posdata: Olimpiada y Tlatelolco”.
En los altares hay flores amarillas, que representan la tierra, y moradas, que significan luto: velas, que con sus llamas simbolizan la ascención del espíritu y guía de camino; y cirios, que son como el ánima sola.
Rebozan de las dádivas que brinda la naturaleza: frutas, cañas, naranjas, tejocotes, duraznos; de platillos y bebidas, para agrandar a los difuntos; del humo del incienso y del copal, que significa el paso de la vida a la muerte.
Las Islas también albergan, desde hoy y hasta el próximo 2 de noviembre -justo cuando las almas se despiden para regresar el próximo año-, tres escenarios: Xibalba, inframundo maya; Mictlan, o tierra de los muertos entre los aztecas, y La morada de Caronte, personaje que en la mitología griega era el encargado de guiar las sombras errantes de los fallecidos.
Se inaugura el festival con tres conciertos, que se presentarán en cada escenario, y que marcarán el arranque del XI Festival Universitario de Día de Muertos, Megaofrenda 2008. Asimismo, se realizarán las procesiones de la Escuela Nacional Preparatoria y del Colegio de Ciencias y Humanidades.
A lo largo de estos días, se presentarán más de 300 actividades, como concieros de rock, música tradicional mexicana, latinoamericana y celta; obras de teatro, poesía, danza folklórica y contemporánea; relatos de fantasmas y leyendas de México, así como talleres, como el de modelado en plastilina.
De igual modo, y por cuarta vez, el domingo, a las 17 horas, se realizará el “Carnaval de Muertos” con diseños de vestuarios, caracterizaciones y máscaras, inspirados en los mitos y leyendas mexicanas, de carácter folklórico, místico, festivo y satírico.
Esta tradición no sólo se limita a la explanada central de CU, también invadió otros espacios universitarios, como los institutos de Investigaciones Jurídicas y de Biología, que instalaron sus respectivas ofrendas.
En esta ocasión, los juristas la dedicaron al estado de Aguascalientes, donde el Festival de las Calaveras es el segundo festejo de mayor importancia. En tanto, los biólogos la destinaron al Año Internacional del Planeta Tierra, que se conmemora este 2008; en específico, abarcaron los problemas que enfrenta la biodiversidad con el deterioro paulatino del planeta.
Boletín UNAM-DGCS-681
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